Creo que la tortura más grande de la perdida es la vivencia de seguir perteneciendo al mismo entorno, ver la misma escenografía, continuar los hábitos, ver el vacío constante del recuerdo palpitante invocando todas esas sensaciones de goce en lo más profundo del alma, es como si la imagen del presente fuese en blanco y negro tonos grises y el recuerdo lleno de colores. Cuando aquello sucede se ve todo borroso como una acuarela expandiendo sus matices sobre el bosquejo de tonos grises… quiero volver a vivir esos colores y el deseo angustia mi suspiro, cómo es posible que ahora el tiempo transcurre en cámara lenta enfocando cada escena y zoom de lo que recuerdo, me detesto al ser un alma en pena que intenta retroceder la película.